ARISTAS DEL ARTISTA


Expresivamente, Raphael ofrece aristas como si fueran sucesivas esquinas llenas de sorpresas, como hallazgos inesperados uno detrás de otro, un filón inagotable en la auténtica aventura que es seguir sus interpretaciones. Y yo continúo provocando mis encuentros con el artista para poder dibujarlo, encuentros como citas con su arte, en sus conciertos, en sus películas, en sus apariciones televisivas. No son por eso encuentros fortuitos, no se da la casualidad sino la causalidad, pues lo busco en escena con premeditación, alevosía y, más que con nocturnidad, diría que con oscuridad. Porque estoy al acecho de las luces y los reflejos que lo envuelven en el regalo de sus actuaciones, cuando los focos se posan en él, mesando su cabello, o amoldándose como caricias para su rostro… Se podría afirmar tranquilamente que tampoco la iluminación de sus espectáculos escapa al deleite de escucharlo, ni los haces de colores o blancos quedan indiferentes al poderoso influjo de su voz. Y ahí deseo estar yo, como si lo pintara escondida entre bastidores, vigía de candilejas, espía de lo cenital, averiguadora de perfiles, los perfiles que sólo pueden hallarse en esa línea tan sutil como difícil de la genialidad.

La luz también dibuja, la luz también esculpe. Y yo la siento como mi aliada y mi cómplice averiguándome a Raphael. La luz me lo va contando y cantando, para que después se puedan escuchar mis dibujos.

Rafael nació con la cara de ser Raphael, me doy cuenta a medida que lo voy dibujando. Tiene un bello conjunto que lo hace ser una persona misteriosamente carismática. Un ser que reluce siempre desde el maravilloso corazón, maravilloso, que lo habita. Tiene ya setenta y cuatro años, pero veo secuelas de aquel muchacho con esperanzas y sueños que cumplir, y según mis observaciones, percibo cómo pretende cada día comenzar desde sus primeras inquietudes como cantante para seguir satisfactoriamente como un verdadero artista.

Después de tanto estudiar su rostro, sus movimientos, sus gestos y su hilo musical, consigo llevar al papel las distintas expresiones que muestra ante una cámara o en directo ante el público. No me resulta fácil analizarlo, porque es un constante descubrimiento, una exploración, el seguimiento de un mapa que señala dónde hacerse con un tesoro… Algunas veces consiste en un barrido de emociones e intento configurar en mi recuadro blanco de papel cada huella que deja, y a veces, si hay algo que creo que debo resaltar al no ser perceptible, lo destaco y le acentúo la importancia que tiene, como puede ser un mechón de su pelo o algún que otro rasgo velado que yo revelo. Me han dicho en varias ocasiones que soy la que pinta su voz; y que en mis retratos no sólo hay imagen, sino que también hay sonido. Otros comentan que parezco la psicóloga de Raphael por como dibujo su mirada. El mismo artista contempló personalmente uno de los tantos retratos que le he dedicado, reaccionando primero con un respetuoso silencio, para decirme después que le impresionaba cómo lo captaba en lo más profundo de sus ojos. Me han llegado a emocionar estas impresiones de él y de la gente.

La verdad es que pinto como esculpo y esculpo como pinto, según lo que quiera captar, el instante o la escena completa. A menudo me gusta testimoniar al cantante cuando está interpretando una canción de la manera más personal, y percatarme del momento justo para decidir. Me siento empujada como si mi pintura levantara acta de ese ser tan único por su manera verdadera e intensa de sentir y aún más particular de cantar.

En mis dibujos también existe una evolución, como la carrera del artista, de la f a la ph. Se puede apreciar en mis obras cómo va perdiendo poco a poco lo que fue y cómo va ganando lentamente lo que es, reflejo en mis trazos pequeñas marcas de lo que este hombre luchó en el terreno profesional, un descubrimiento que por mi edad, 21 años, he podido hacer gracias a la lectura de sus memorias, “¿Y mañana, qué?”.

Todo arte de verdad es duro, y es apasionante porque es difícil y difícil porque es apasionante. Es ese balance que el propio Raphael no pudo definir mejor que cuando cumplió los 35 años de carrera: “Han sido dolorosamente felices”. Quizás vivir sea, al final de todo, no más que el arte de mezclar con sabiduría un lamento y su canción. En mi caso, un hermoso peligro de sombras y luces del que debo salir airosa.

Beatriz Galiano. 




http://www.blancosobrenegro.es/index.php/pintura/299-aristas-del-artista-raphael-por-beatriz-galiano-incluye-coleccion-de-imagenes-artista



1 comentario:

Unknown dijo...

Gracias! Y en ruso http://viva-raphael.com/news/4064/71/beatris-galyano-pishet-o-rafaele/

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